Omar Romano Sforza: ciencia, amistad y propósito compartido

Por Blanca García Díaz — Málaga, 12 de noviembre de 2025

Hoy, 12 de noviembre de 2025, el calendario marca un aniversario significativo: ocho años de trabajo conjunto entre Omar Romano Sforza y su amigo y hermano en el camino profesional, Antonio Armejo, en la ciudad de Lima. La fecha no sólo celebra una colaboración empresarial exitosa, sino una historia humana de compromiso, visión compartida y pasión por la ciencia aplicada al desarrollo sostenible.

Con motivo de esta conmemoración, la periodista Blanca García Díaz conversa con Omar Romano Sforza, empresario global, divulgador, autor y figura destacada en el sector biotecnológico y avícola latinoamericano. La entrevista busca ir más allá del currículo: indagar en las convicciones, los afectos y la filosofía que sostienen a un hombre que ha sabido cruzar fronteras —geográficas, académicas y humanas— para construir puentes donde otros sólo veían distancia.

Blanca García Díaz: Omar, ocho años de trabajo conjunto con Antonio Armejo en Lima. Si tuviera que resumir este tiempo, en una palabra, ¿cuál sería y por qué?

Omar Romano Sforza: “Hermandad”. Porque más allá de lo empresarial, estos años han sido un viaje de lealtad, aprendizaje mutuo y crecimiento compartido. Antonio y yo empezamos con una idea técnica, pero la transformamos en una visión. Nos encontramos en un punto donde los valores personales y profesionales se alinearon: ética, innovación y una convicción profunda de que la ciencia tiene sentido sólo si mejora la vida de las personas. En estos ocho años, Lima se convirtió en un segundo hogar y en el laboratorio más humano de todos.

Blanca: ¿Cómo comenzó esa sociedad profesional con Antonio Armejo y qué la mantiene vigente hoy?

Omar: Nos conocimos en el terreno, no en una oficina. Antonio tenía la energía de quien entiende la realidad desde dentro: conoce la cadena de valor de la producción animal, pero también la sensibilidad social del trabajo con las comunidades. Nuestra alianza nació de una conversación sobre especialidades veterinarias aplicadas al desarrollo sostenible. Desde entonces, trabajamos bajo un mismo principio: no basta con innovar, hay que hacerlo con propósito. Lo que la mantiene vigente es la confianza, que se gana cada día. Hemos aprendido que los proyectos pueden cambiar, pero la confianza debe permanecer.

Blanca: Usted ha tenido una trayectoria internacional: Argentina, España, Estados Unidos, Malasia, Perú… ¿Qué le ha enseñado la diversidad cultural a la hora de liderar equipos?

Omar: Que no hay liderazgo sin escucha. La ciencia me enseñó a preguntar; la vida me enseñó a escuchar. En cada país uno aprende algo esencial: el valor del matiz. No se puede aplicar un modelo europeo en América Latina ni latinoamericano en Asia sin antes comprender el alma del lugar. Esta comprensión cultural se tradujo en innovación: adaptar sin imponer, acompañar sin sustituir. Es lo que llamo liderazgo con acento local y mirada global.

Blanca: Hablando de innovación, ¿cómo visualiza el rol de la biotecnología en el futuro de la producción animal?

Omar: La biotecnología es el puente entre la ciencia y la sostenibilidad. Durante décadas, el enfoque fue producir más; hoy, la meta es producir mejor. La salud animal no puede desvincularse de la salud humana ni del equilibrio ambiental. Estamos entrando en la era del One Health, donde todo está conectado. Nuestra labor —desde la investigación hasta el asesoramiento— busca reducir el uso innecesario de antibióticos, desarrollar alternativas biológicas y fomentar modelos éticos de producción. En el fondo, es una apuesta por la vida, no sólo por la productividad.

Blanca: Además de científico y empresario, usted escribe, enseña y publica con frecuencia. ¿Por qué esa necesidad de comunicar?

Omar: Porque el conocimiento que no se comparte se estanca. Escribir es una forma de diálogo, y el periodismo me ayudó a ordenar ideas, a humanizar los datos. Mis columnas y artículos en Engormix, Cátedra Latam o KambioPositivo son un intento de devolver a la sociedad lo que la ciencia me dio. En mi libro, A Malasia con un Tango, por ejemplo, narré la experiencia de construir un proyecto en un contexto cultural totalmente distinto. Pero, más que un libro técnico, es un testimonio de resiliencia y de encuentro con el otro. Comunicar es servir.

Blanca: ¿Cómo se equilibra el rigor científico con la sensibilidad humana?

Omar: El rigor no está reñido con la empatía. De hecho, la verdadera ciencia nace de la curiosidad, y la curiosidad es una forma de amor: querer entender al otro, a la naturaleza, a los sistemas vivos. En los laboratorios y en las empresas siempre insisto en eso: detrás de cada fórmula hay una historia humana. Equilibrar es recordar que la tecnología sin ética es estéril. Prefiero una innovación imperfecta pero humana a una perfecta y desalmada.

Blanca: Usted recibió reconocimientos internacionales y fue incluido en “argentinos en el Mundo”. ¿Qué significa para usted ese tipo de distinciones?

Omar: Son gestos de afecto que uno agradece, pero nunca deben convertirse en un punto de llegada. Cada premio es un espejo: te muestra el camino recorrido y te recuerda que todavía hay mucho por hacer. Yo valoro más el reconocimiento silencioso de un equipo que crece, de un productor que mejora sus prácticas o de un joven que decide estudiar biotecnología porque escuchó una charla nuestra. Esos son los premios verdaderos.

Blanca: ¿Qué papel juega la amistad en el mundo empresarial, donde a menudo prevalece la competencia?

Omar: La amistad es una forma superior de inteligencia emocional. Con Antonio Armejo lo entendimos desde el primer día: la confianza no se negocia. Cuando el trabajo se sostiene en vínculos auténticos, las diferencias se transforman en fortaleza. La empresa no es sólo un espacio de negocio; puede ser un espacio de encuentro humano. Y cuando eso sucede, los resultados trascienden los balances contables.

Blanca: ¿Cómo imagina el futuro de su trabajo y el del sector que representa?

Omar: Lo imagino híbrido: más digital, más interdisciplinario y, sobre todo, más ético. El desafío es integrar la inteligencia artificial, la genética avanzada y la biotecnología con la sostenibilidad real, no declarativa. En lo personal, me gustaría seguir siendo un puente: entre generaciones, entre disciplinas, entre países. La ciencia es dinámica, pero la misión sigue siendo la misma: mejorar la vida en este planeta.

Blanca: Finalmente, hoy se cumplen ocho años de trabajo en Lima. Si pudiera brindar por algo esta noche, ¿por qué brindaría?

Omar: Brindaría por la gente. Por Antonio, por los equipos que creyeron cuando todo era apenas un bosquejo, por las familias que sostienen nuestros sueños y por esta tierra generosa que nos abrazó. Brindaría también por el futuro, porque sigue siendo el mejor laboratorio para experimentar esperanza, siempre bajo la invocación de nuestro Señor Dios.

Reflexión final de la periodista:

En tiempos de ruido y velocidad, escuchar a Omar Romano Sforza es redescubrir el sentido de la palabra trayectoria. Su historia con Antonio Armejo en Lima no es solo un hito empresarial, sino un testimonio de coherencia entre ciencia y humanidad. A ocho años de aquel primer proyecto, queda claro que cuando el conocimiento se une con la amistad, el resultado no es una empresa más, sino una obra viva en constante evolución.

Sobre Omar Romano Sforza: “Un hombre del Renacimiento”

Formado en Ciencias Bioquímicas y con una sólida formación empresarial gracias a un MBA en Comercio Exterior y Planificación Estratégica, su trayectoria se caracteriza por un equilibrio excepcional entre la ciencia, la gestión y la visión global.

Su vínculo con la investigación en biotecnología, microbiología y producción veterinaria se consolidó durante su desempeño como secretario general del Foro Argentino de Biotecnología (F.A.B.), donde ejerció dos mandatos consecutivos promoviendo el diálogo entre la ciencia, la industria y las políticas de innovación.

A finales de la década del setenta cofundó una empresa argentina de especialidades veterinarias que, desde Pilar, se transformó en un referente internacional. Bajo su conducción, aquella pequeña organización se expandió hasta alcanzar presencia en más de cincuenta países y establecer filiales en más de ocho, demostrando que la innovación argentina podía tener escala global. Esa empresa fue luego reconocida por la ONUDI como modelo de excelencia e innovación en Latinoamérica, consolidando su legado en la articulación entre conocimiento científico y desarrollo productivo.

Su experiencia y liderazgo trascendieron el ámbito corporativo. Fue designado Embajador de Buenos Oficios del municipio de Pilar, con la misión de impulsar la internacionalización local, cargo que desempeñó durante cinco años con espíritu integrador.

Posteriormente asumió la dirección de un grupo empresarial con proyección global y hoy continúa vinculado a la investigación aplicada como director de una firma de ciencia y tecnología en Granada, España, donde lidera proyectos de I+D+i con enfoque en sostenibilidad y bienestar animal.

Su aporte ha sido reconocido en múltiples instancias, entre ellas el galardón “argentinos en el Mundo” otorgado en Madrid en 2019, por su contribución al prestigio nacional en el exterior. Habitual conferencista en foros de ciencia, tecnología e innovación comparte un modelo de gestión que combina rigor científico y sensibilidad humana.

Convencido de que “la ciencia sólo tiene sentido si mejora la vida de las personas”, promueve un liderazgo basado en la escucha, la diversidad cultural y la ética como motor de la innovación. Defiende la amistad y la confianza como fundamentos de los proyectos conjuntos, y cultiva una mirada global con acento local, entendiendo que cada cultura aporta su singularidad.

Su pensamiento proyecta un futuro híbrido donde biotecnología, inteligencia artificial y sostenibilidad convergen bajo un mismo principio: el progreso debe estar siempre acompañado de valores. Un verdadero espíritu renacentista de nuestro tiempo.