Un riñón universal: la ciencia abre una nueva puerta para los trasplantes
Hay una cifra que duele: 219 personas murieron en Canadá durante 2024 mientras esperaban un trasplante de órgano. No por falta de donantes, sino por incompatibilidad sanguínea. Esa barrera, que durante décadas pareció infranqueable, acaba de empezar a derrumbarse.
Un equipo internacional de investigadores
Liderado por el doctor Turun Song del Hospital West China (Chengdú), en colaboración con la Universidad de Columbia Británica (UBC) y la empresa biotecnológica Avivo Biomedical Inc. con sede en Vancouver, logró trasplantar con éxito un riñón humano modificado para convertirlo en universalmente compatible. El estudio fue publicado en Nature Biomedical Engineering, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo.
El avance es sencillo de explicar
Aunque extraordinariamente complejo de ejecutar. Los grupos sanguíneos (A, B, AB y O) están determinados por unos azúcares llamados antígenos que recubren la superficie de los glóbulos rojos y también de los tejidos de los órganos.
El grupo O es el denominado «donante universal» porque carece de esos antígenos y no provoca rechazo inmediato. Los grupos A y B, en cambio, sí los tienen. Si un paciente de grupo O recibe un órgano de grupo A, su sistema inmunológico lo ataca en cuestión de minutos u horas: es el llamado rechazo hiperagudo.
Lo que estos científicos consiguieron fue, literalmente, borrar esos antígenos
Utilizaron un sistema de enzimas —descubierto originalmente en la UBC en 2010 por los profesores Stephen Withers y Jayachandran Kizhakkedathu— capaz de cortar las moléculas que definen el tipo A y transformarlas en las del tipo O.
En 2019, el becario postdoctoral Peter Rahfeld dio con un par de enzimas especialmente eficaces mediante una técnica llamada cribado metagenómico del microbioma humano. Es decir: buscaron en el universo de bacterias que viven dentro de nosotros y encontraron la herramienta perfecta.
El riñón modificado, al que denominaron ECO (Enzymatically Converted O), fue trasplantado a una persona con muerte cerebral (con la aprobación de la familia) cuyo grupo sanguíneo era incompatible. El modelo, aunque doloroso de pensar, es éticamente aceptado porque permite simular un trasplante real sin poner en riesgo a un paciente vivo. El resultado fue contundente: el riñón funcionó con flujo sanguíneo normal y, lo más importante, no se produjo rechazo hiperagudo.
Este logro no nació de la nada
Detrás hay más de una década de trabajo financiado y acompañado por Innovation UBC, la oficina de transferencia tecnológica de la universidad, que ayudó a patentar las enzimas, a diseñar la estrategia comercial y a conectar a los investigadores con Canadian Blood Services y con la University Health Network de Toronto.
En 2020, Rahfeld junto con los estudiantes de doctorado Spence Macdonald y Haisle Moon ingresaron al programa Venture Founder de Innovation UBC y luego al vivero de empresas HATCH Venture Builder. Allí recibieron mentoría, contacto con inversores y apoyo clínico hasta fundar Avivo Biomedical en 2023.
La relevancia del proyecto ya trascendió el ámbito académico
En 2024, Avivo pasó a ser una empresa participada por la prestigiosa Mayo Clinic —el sistema hospitalario que más trasplantes realiza al año en Estados Unidos— y está en conversaciones para integrar la Iniciativa de Transformación de Trasplantes de ese centro.
A fines de 2025, la tecnología fue seleccionada por la OTAN dentro de su programa DIANA 2026 (Acelerador de Innovación en Defensa para el Atlántico Norte), que apoya tecnologías de doble uso: civiles y militares. En situaciones de emergencia con múltiples víctimas o en medicina de campaña, disponer de órganos universales podría salvar vidas donde hoy es imposible hacer coincidir grupos sanguíneos.
Aún quedan pasos por delante
Antes de probar esta técnica en pacientes vivos, Avivo deberá completar estudios preclínicos adicionales. Pero el trasplante en el modelo con muerte cerebral constituye un hito fundamental: demuestra que las barreras del grupo sanguíneo pueden superarse.
Para las más de 3500 personas que hoy esperan un trasplante en Canadá —y para las decenas de miles en el resto del mundo— este avance representa una esperanza real y concreta. No es una promesa lejana. Es la constatación de que la ciencia, cuando se hace con rigor, paciencia y colaboración internacional, puede convertir lo imposible en una pregunta que ya tiene respuesta.
