Sus músculos no solo se mueven: le mandan mensajes al cerebro, al hígado y hasta a sus defensas
Un hallazgo científico está cambiando la forma en que entendemos el ejercicio. No es un motor. Es un órgano que habla con todo el cuerpo. Y cada vez que usted se levanta del sofá, ese órgano le da órdenes al resto de su biología.
Hagamos un experimento mental
Usted está sentado leyendo esto. Sus músculos están en reposo. Tranquilos. Quietos. Y la ciencia dice que, en este momento, le están faltando a usted cientos de mensajes químicos que su cuerpo necesita para funcionar bien. Mensajes que solo se envían cuando usted se mueve.
Eso es, en esencia, lo que un equipo de investigadores de la Universidad San Jorge de Zaragoza acaba de explicar en The Conversation, la plataforma de divulgación científica con sello académico. Los fisioterapeutas e investigadores Beatriz Carpallo Porcar, Andrés Ráfales Perucha, Daniel Sanjuán Sánchez, José Lesmes Poveda López y Paula Cordova Alegre, miembros de los grupos de investigación iPhysio y UNLOC, pusieron en palabras de a pie una revolución que lleva años gestándose en los laboratorios: el músculo no es un simple motor mecánico. Es un órgano endocrino.
«El ejercicio no es solo medicina. Es tan necesario para la salud como respirar o comer.»
¿Qué significa eso en cristiano?
Que cuando usted camina, pedalea, sube escaleras o levanta bolsas del supermercado, sus músculos no se limitan a contraerse y relajarse. También fabrican y liberan al torrente sanguíneo unas moléculas llamadas mioquinas, que viajan por el cuerpo como mensajeros y le dicen a cada órgano qué tiene que hacer. Al cerebro, al hígado, a los huesos, a las células del sistema inmune. A todos.
La mioquina más estudiada hasta hoy es la interleucina-6 (IL-6). Durante ejercicios de alta intensidad o resistencia aeróbica, sus niveles en sangre pueden multiplicarse por cien respecto al reposo. No es una errata: por cien. Y esa molécula, según los investigadores de San Jorge, tiene la capacidad de actuar como señal antiinflamatoria y regular la actividad de células clave del sistema inmunológico: linfocitos, macrófagos y células NK.
Las mioquinas a que órganos les “hablan”:
- BDNF · Irisina · Cathepsina B: Estimulan el crecimiento neuronal y protegen contra el deterioro cognitivo. El llamado «eje músculo-cerebro».
- IL-6 · IL-7 · IL-15 · Decorina: Potencian las defensas, reducen inflamación crónica y activan la «vigilancia inmunitaria» del organismo.
- Mioquinas osteogénicas: Estimulan los osteoblastos (células constructoras de hueso) y ayudan a prevenir la osteoporosis.
- Mioquinas antitumorales: Inhiben la proliferación de células cancerosas. Una sola sesión de ejercicio eleva sus niveles de forma significativa.
Pero quizás el dato que más cuesta digerir es el relacionado con el cáncer
Una revisión publicada en The Lancet Oncology, citada por los investigadores aragoneses, vincula el sedentarismo como factor de riesgo en más de diez tipos de cáncer. Y parte de la explicación está ahí: en que cuando usted no se mueve, esas mioquinas que inhiben la proliferación de células malignas, sencillamente, no se producen.
El cerebro también escucha al músculo
Los científicos hablan del «eje músculo-cerebro»: un canal de comunicación molecular que explica por qué el ejercicio mejora la memoria, reduce la ansiedad y protege frente al deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. Moléculas como el BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), la irisina o la cathepsina B son las encargadas de llevar ese mensaje desde el músculo hasta las neuronas. Sin movimiento, ese correo no llega.
El sedentarismo no es simplemente «estar quieto». Es privar al organismo de señales biológicas que necesita para no enfermar.
Y los huesos también están en la conversación
Se creía que el músculo y el esqueleto se relacionaban únicamente de forma mecánica: el músculo jala del hueso, el hueso sirve de anclaje. Hoy se sabe que hay además un diálogo químico. Varias mioquinas favorecen la formación y remodelación ósea, estimulando los osteoblastos —las células que construyen hueso— y modulando la densidad mineral. Un complemento biológico, silencioso y gratuito, para combatir la osteoporosis.
¿Cuánto ejercicio hace falta?
Los investigadores de la Universidad San Jorge no dan una cifra mágica en este trabajo, pero la evidencia acumulada apunta a algo razonablemente accesible para cualquier ciudadano de a pie: caminar, moverse con regularidad, no pasar horas y horas sentado sin levantarse. El músculo no distingue entre un atleta olímpico y un jubilado que pasea por el parque. Cada contracción cuenta. Cada paso envía mensajes.
La conclusión de los fisioterapeutas españoles es tan simple como contundente:
El sedentarismo no es simplemente «no hacer deporte». Es privar al organismo, de forma sistemática y acumulada, de las señales que necesita para mantenerse en equilibrio. Para no inflamarse de manera crónica. Para no deteriorarse. Para sobrevivir, en el sentido más literal y biológico del término. Así que la próxima vez que usted se levante a buscar un vaso de agua, suba las escaleras en lugar del ascensor o dé una vuelta al bloque después de comer, sepa que sus músculos no solo están obedeciendo una orden. Le están dando instrucciones al resto de su cuerpo. Y ese cuerpo, si le escucha, le lo agradecerá.
Fuente principal: Carpallo Porcar, B.; Ráfales Perucha, A.; Sanjuán Sánchez, D.; Lesmes Poveda López, J.; Cordova Alegre, P. — «Los músculos ‘hablan’ con todo el cuerpo: la revolución científica que cambia la visión del ejercicio». The Conversation ES, 27 de abril de 2026. Universidad San Jorge (grupos de investigación iPhysio y UNLOC). Publicado como partner fundador de The Conversation España. · También referenciado: The Lancet Oncology (sedentarismo y riesgo de cáncer); revisión 2024 sobre mioquinas y sistema inmune; Rai M. y Demontis F. (2022), Brain Plasticity, vol. 8, sobre comunicación músculo-cerebro.
