Los y las, que aún recuerdan sin Google
Los de más de 60 no son el pasado
Tampoco las de más de 60. Son las raíces. El tronco callado que sigue alimentando las ramas. No los llames “los de antes”. No las mires como si el tiempo ya las hubiera dejado atrás.
No los encierres en el museo de lo superado
No las olvides en la cocina del recuerdo. No son una nota al pie. Son el pie. El que sostuvo caminatas, pérdidas, inicios, y milagros. Y ellas, además, cuidaron mientras caminaban. Sanaron mientras perdían. Sostuvieron mientras otros se caían.
Nacieron cuando los teléfonos tenían cable… y las palabras, peso. Cuando el respeto no se pedía: se llevaba puesto. Aprendieron sin tutoriales. Vivieron sin ansiedad. Y si una tilde azul no aparecía, no era el fin del mundo. Porque el mundo era otra cosa.
Crecieron sin red. Ni de datos. Ni de seguridad
Leían el humor de su madre por cómo cerraba un cajón. Y aprendieron a leer el dolor ajeno con solo mirar los ojos. Calentaban su comida sin drama. Jugaban en la calle, con barro en las manos y sol en la nuca. Volvían cuando las estrellas salían sin que nadie se lo diga.
El agua era de la canilla. El pan tenía azúcar. Y el invierno, frío real. Treparse a un árbol era conquista. Y un “bien hecho” susurrado valía más que cien “likes”.
No necesitaron reiniciarse. Pero lo hicieron
Pasaron del tocadiscos al streaming. De la carta al emoji. De la enciclopedia al buscador. Sin ruido. Sin quejarse. Sin manual. Las mujeres que vivieron esas décadas lo hicieron todo.
Cuidaron, criaron, trabajaron, consolaron, inventaron, resistieron. Y a veces nadie se dio cuenta. Pero siguen ahí. Haciéndose fuertes cada día. Aprendiendo lo nuevo sin dejar de enseñar lo esencial.
Con tiempo en la espalda
Aprendieron a mostrar el llanto después de los 50.Y eso también es valentía. Vieron cambiar monedas, mapas y gobiernos. Cambiaron ellos. Y ellas también. Cambiaron sin perder la ternura. Aprendieron a ponerse primero, aunque nadie se los enseñó.
Hoy, comen sano. Hacen ejercicio. Ríen. Aman. Se apasionan. Viven. Al tope. Muchos de ellos fundaron empresas, sí… Y muchas de ellas sostuvieron hogares, impulsaron sueños, y ahora lideran con la sabiduría de quien ya lo ha visto todo.
Quizás no lo sepas, pero trabajas para una idea, o la empresa, que alguien de su generación plantó. Porque también saben ser discretos. Y ellas, además, generosas.
Y aún tienen algo que enseñarnos
No buscan tu aprobación. Solo que levantes la vista. Y escuches.
Tienen arrugas, sí. Pero cada una fue escrita por el tiempo. Y tienen algo más. Algo que el algoritmo no encuentra. Algo que no se descarga. Ni se actualiza. Humanidad.
Epílogo:
Si tienes la dicha de convivir con uno de ellos —o una de ellas—, no los veas como pasado. Míralos bien. Son un puente. Y aún están ahí… esperando que bajes el volumen y te acerques.
Porque, aunque ya no griten, ellas y ellos todavía tienen mucho que decir.