¡A tu salud!

Tanta cosa “milagrosa” que se anda promocionando con hojas verdes en la etiqueta, tés que curan el colesterol, cápsulas que limpian el hígado, jugos que prometen bajar el azúcar y rejuvenecer el alma. Todo natural, todo ancestral, todo con tipografía cursiva y una hojita de menta dibujada al costado.

Muchas promesas envueltas en celofán vegetal y decidí escribir esto: una especie de apoyo, pero también una advertencia para el ciudadano de a pie —ese que, con la mejor de las intenciones, se mete en el mundo de los extractos de plantas creyendo que la naturaleza siempre sabe más.

Porque sí, la naturaleza sabe… pero también se equivoca

O, mejor dicho, nosotros la interpretamos mal. Un día alguien te dice que la canela es “la metformina natural”, otro que el té verde “disuelve la grasa”, y ya estás buscando en internet “cómo preparar infusión para bajar triglicéridos”. Y claro, te sentís parte de una revolución verde contra la industria farmacéutica.

Hasta que te das cuenta de que el colesterol sigue ahí, firme como un roble, y la glucosa no entiende de hashtags.

Ojo, no vengo a burlarme

Vengo a poner un poco de pausa, un poco de contexto, un poco de consultá al médico antes de empezar a tomar cualquier cosa. Porque hay estudios —sí, los hay— que muestran que algunas plantas ayudan.

La berberina, por ejemplo, mejora la glucosa; la bergamota puede bajar el colesterol; la canela tiene algo de efecto. Pero son ayudas, complementos, no reemplazos. Y, sobre todo, funcionan cuando hay control, cuando hay seguimiento, cuando hay cabeza.

El problema no es la planta

El problema somos nosotros, los que queremos creer que un té puede resolver lo que una vida de sedentarismo, azúcar y estrés construyó durante años. Ahí está el riesgo: en el entusiasmo sin guía, en el “si es natural, no hace daño”.  Consultá al profesional. Ojo. No avances solo. Porque algunas de esas plantas pueden interferir con tus medicamentos, alterar tus análisis o irritar el hígado sin que te enteres.

No se trata de miedo, se trata de sentido común

Si querés tomar té de menta, hacelo. Si te gusta la canela, agregala al café. Pero no conviertas eso en un dogma, ni en excusa para dejar las pastillas. La ciencia no está peleada con la naturaleza, solo pide pruebas antes de aplaudir.

Así que esto es, más que nada, un recordatorio cariñoso:

Tomá tus infusiones, disfrutá del ritual, pero consultá al médico. Pedí análisis, preguntá, dudá. Y si algo te hace bien, celebralo; pero si algo te promete demasiado, sospechá. Porque en el fondo, lo más natural que podés hacer por tu salud sigue siendo lo mismo de siempre: cuidarte, moverte, comer mejor, y no caminar solo. Ojo, consultá al médico, siempre.

Algunos suplementos vegetales con evidencia (pero ojo: complementos, no sustitutos)

  1. Cynara scolymus (alcachofa) & combinación con bergamota: Un ensayo clínico aleatorizado demostró que un suplemento que contenía extractos secos de alcachofa + bergamota mejoró lípidos, glucosa y ciertos índices de hígado graso en personas con colesterol alto. ResearchGate+1
  2. Berberina: Un metaanálisis reciente muestra que la berberina puede mejorar enzimas hepáticas, perfil lipídico e insulinorresistencia en pacientes con enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHNA). BioMed Central+1
  3. Curcuma longa (cúrcuma) / Curcumina: Estudios indican que la curcumina puede mejorar la glucosa en ayunas, HBA1c e incluso la circunferencia de cintura en personas con prediabetes o diabetes tipo 2. PubMed+2Frontiers+2
  4. Allium sativum (ajo / ajo-extracto): Algunos trabajos señalan reducción en colesterol total y LDL-C, aunque los resultados son contradictorios y no se considera un método confiable para colesterol alto. ICNS Instituto+1
  5. Camellia sinensis (té verde): Aunque más moderado, se han observado efectos modestos del té verde (o sus extractos) en metabolismo de lípidos, grasa corporal y resistencia a la insulina, aunque no tantísimos ensayos grandes como para “milagro”. (Se menciona en revisiones sobre productos naturales y salud hepática) MDPI+1