Temblor y edad: lo que los años revelan
Recuerdo las manos de mi madre. Ya mayor, con esa mezcla de firmeza y fragilidad que tienen las manos que han hecho de todo. A veces, sin previo aviso, aparecía un temblor leve. No siempre. No constante. Lo suficiente como para inquietar, no tanto como para alarmar.
Un día la acompañé al médico.
Lo que parecía una escena rutinaria terminó dejándome una enseñanza grabada: no todos los temblores significan enfermedad, pero tampoco todos deben ignorarse. Aquella explicación, sencilla y sin vueltas, es el punto de partida para entender algo que, cuando aparece, nos descoloca: el cuerpo tiembla… ¿y ahora qué?
Ojo, esto es divulgación, no consultorio
Ningún texto, por más bonito que quede, reemplaza a un médico. Si tiembla, si duele, si algo no cierra, se levanta el teléfono y se pide hora. Punto. Dicho esto, lo que sigue es un repaso con la ayuda de cinco cerebros europeos que saben de esto —un alemán, dos británicos, una francesa y un italiano— para entender a qué edad aparece cada temblor y cómo se va instalando. Porque no es lo mismo bailar solo a los 30 que a los 70. Y saber eso, nomás eso, ya es ganar terreno.
A los 30: el temblor que viene de afuera
A los treinta, un temblor suele ser una visita, no un inquilino. Es el famoso “temblor fisiológico” (1), esa vibración fina como la de un celular en modo silencio. ¿Qué lo trae? Un café de más, una mala noche, una discusión que no cerró, o una lesión en el hombro que dejó todo el brazo haciendo malabares (2). El cuerpo se fatiga, se queja, tiembla un rato. Y después se olvida. A los treinta, el temblor es como un amigo borracho: aparece, hace lío, y al otro día no se acuerda de nada.
A los 60: cuando el temblor empieza a tener nombre propio
Acá cambia la cosa. El temblor ya no viene con el café, viene con el calendario.
Hablamos del temblor esencial, ese que afecta a más del 5% de los mayores de 65 (3) y que, si uno llega a los 95, aparece en uno de cada cinco (4). ¿Cuándo arranca? Los europeos estos —Deuschl y Bhatia, para que sepan— dicen que suele debutar entre los 35 y los 45, y después pega otro pico después de los 65 (5). ¿Y cómo evoluciona? Lento, como la fila del banco. Va aumentando con los años (6). No es que se vuelva agresivo; es que el cuerpo, con el tiempo, tiene menos resortes para disimularlo.
A los 70 y 80: el temblor ya no es un visitante, es un vecino
A estas alturas, el temblor se instaló. Vive ahí. Y hay que aprender a convivir.
El Parkinson —ese otro bicho— tiene su pico después de los 60 (7). Su temblor es diferente: no aparece cuando uno mueve la mano, sino cuando la deja quieta. Como si la mano, al ralentí, decidiera hacer su propio baile. Suele empezar de un solo lado, y viene con rigidez, con lentitud, con esa sensación de que el cuerpo se mueve en cámara lenta.
A los 80, además, hay que mirar la lista de pastillas. Porque muchos medicamentos comunes —para dormir, para los nervios, para el asma— también hacen temblar. El médico que atiende a un octogenario no solo le mira las manos, le mira el botiquín.
Los temblores que no miran el calendario
Pero no todo entra en el orden prolijo de las décadas.
Hay temblores que aparecen a cualquier edad. Los del estrés que sacuden en medio de una discusión. Los de una tiroides acelerada que empuja todo el cuerpo un poco más allá de su ritmo. Y están también los otros. Los que llegan después de batallas más silenciosas. Tras ciertos tratamientos —como la quimioterapia— los nervios pueden quedar más sensibles, más expuestos, como cables sin recubrimiento. A veces aparece un temblor leve, persistente, que no anuncia algo nuevo, sino que forma parte de lo que el cuerpo está intentando recomponer.
No es lo habitual. Pero existe. Y entenderlo evita sustos innecesarios.
El resumen para la mesa del bar
Si juntamos a los cinco europeos en una mesa redonda —con café de por medio, nada de aguas minerales—, el diagnóstico sería más o menos este:
- A los 30: el temblor suele ser pasajero. Consultar si se queda a vivir más de unos días o si aparece con la mano quieta.
- A los 60: el temblor esencial empieza a ser una posibilidad real. Si molesta para escribir o para tomar la sopa, hay con qué tratarlo.
- A los 70 y 80: el temblor puede venir de varios lados: esencial, Parkinson, pastillas, o una mezcla de todo. No apurarse, pero no colgarse.
Y una última cosa, que estos cinco suscribirían sin dudar: no todos los temblores que aparecen con la edad son una catástrofe. El cuerpo envejece, y con él, el sistema nervioso. Observar cuándo tiembla —en reposo, al mover la mano, al sostener un vaso—, en qué lado, y si hay otros síntomas, es la mejor manera de saber si ese temblor es un aviso o simplemente el paso del tiempo haciendo de las suyas.
Porque como decía aquel médico de la historia de mi madre, el cuerpo es un conjunto, no piezas sueltas. Y la edad es una de las piezas que más información da. Ah, y también: si tiembla, no se asuste. Pero tampoco se duerma. Consulte. Que para eso están los que saben.
Referencias bibliográficas
(1) Elble RJ. “Physiologic and essential tremor.” Neurology. 1986.
(2) Lewis JS. “Rotator cuff tendinopathy.” British Journal of Sports Medicine. 2009.
(3) Louis ED, Ferreira JJ. “How common is the most common adult movement disorder? Update on the worldwide prevalence of essential tremor.” Movement Disorders. 2010.
(4) Deuschl G, Bain P, Brin M. “Consensus statement of the Movement Disorder Society on Tremor.” Movement Disorders. 1998.
(5) Bhatia KP, Bain P, Bajaj N, et al. “Consensus Statement on the classification of tremors.” Movement Disorders. 2018.
(6) Deuschl G, Elble R. “Essential tremor — neurodegenerative or nondegenerative disease?” Nature Reviews Neurology. 2009.
(7) Jankovic J. “Parkinson’s disease: clinical features and diagnosis.” Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry. 2008.
